Provenimos de un sistema que seguía una estructura ordenada, orientada a alcanzar un objetivo exclusivamente mediante el uso de otro objetivo. Se creía que el aprendizaje se limitaba a un único camino predefinido, donde los alumnos no eran el centro, sino que los métodos eran prioritarios.
En la actualidad, nos encontramos en un enfoque educativo centrado en el estudiante, donde se persiguen habilidades y la mejora constante del conocimiento. Ya no nos limitamos a ir de A a B, sino que exploramos opciones como C, D o F para enriquecer el proceso educativo. La meta es lograr un aprendizaje significativo y mejorar la formación de los alumnos.
No buscamos simplemente desarrollar herramientas para el trabajo, sino formar individuos capaces de tomar decisiones y llevar una vida plena y satisfactoria.